Dolor Crónico

El dolor es una experiencia compleja (una suma de factores que interaccionan entre sí), que sin embargo podríamos entender de forma tridimensional (Melzack y Casey, 1968): sensorial-discriminativa, motivacional-afectiva y cognitivo-evaluativa.

El nivel sensorial-discriminativo es la parte más periférica de la experiencia perceptiva, es decir, la cantidad y cualidad de la estimulación sensorial que da origen a la experiencia final de dolor, por ejemplo: la tensión muscular en el dolor de espalda.

La dimensión motivacional-afectiva supone una integración superior de esa entrada sensorial (modulación troncoencefálica y sistema límbico). Es la caracterización emocional del dolor, con implicaciones a nivel comportamental.

Por último la dimensión cognitivo-evaluativa, es el aspecto superior de la experiencia de dolor (cortical), la parte más subjetiva. Recoge factores atencionales, experiencias previas, pensamientos, creencias, etc.

No obstante la experiencia de dolor viene dada como un todo, por lo que es difícil determinar el peso de cada una de sus dimensiones por separado.

En todo tipo de dolor los aspectos psicológicos son relevantes, independientemente de la causa que lo origine o mantenga. Y ocurre tanto en el dolor crónico como en el agudo.

La caracterización actual del dolor, avalada por numerosos hallazgos clínicos y experimentales, como una experiencia vivencialmente compleja en la que existen tres dimensiones (Sensorial-discriminativa, Motivacional-afectiva y Cognitivo-evaluativa), tiene importantes implicaciones en el tratamiento, ya que plantea como necesario un abordaje terapéutico multidisciplinar donde se integren tratamientos médicos, farmacológicos y psicológicos.

El objetivo principal de la intervención psicológica es mejorar el nivel de control activo y autodominio del paciente sobre su dolor con la consiguiente mejora en su calidad de vida.

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