Desescalada: “Se está desarrollando una peligrosa actitud de negación de la pandemia, sin percepción de riesgo y euforizada”

Desescalada: “Se está desarrollando una peligrosa actitud de negación de la pandemia, sin percepción de riesgo y euforizada”

 

Los psicólogos advierten que las administraciones deben poner especial esmero en cuidar al personal sanitario y su posible estrés postraumático

Tal y como ya ha alertado la Organización Mundial de la Salud, la Covid-19 tendrá un gran impacto sobre la salud emocional y mental de la población. El confinamiento, el aislamiento social, el miedo a la enfermedad y la muerte, la incertidumbre, la pérdida de rutinas, la gestión de los problemas económicos y sociales que puedan derivarse de la crisis del coronavirus y el consiguiente estado de alarma… han puesto a prueba la resiliencia, las habilidades y la capacidad de adaptación de la población.

En este sentido, Mónica López, vicepresidenta de la sección de psicología de emergencias del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, explica que en una primera instancia, el servicio de atención telefónica que la entidad, en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona, habilitó para atender los problemas mentales y emocionales de la ciudadanía recibió consultas relacionadas principalmente con “la sensación de desconcierto e irrealidad de la población frente a la situación, así como con el miedo o la angustia a enfermar o incluso a morir por causa del coronavirus, una sentimiento que se fue suavizando a medida que se dieron instrucciones y medidas para prevenir la enfermedad y pese a que éste, de alguna manera, se mantiene, ahora se gestiona mejor y nos hemos adaptado a él”. Asimismo, el servicio atendió numerosas consultas motivadas por “la tristeza y desconsuelo de aquellas personas que habían perdido a algún familiar en una situación tan excepcional en la que ni siquiera pudieron despedirse de él”, añade López, quien apunta que desde que se iniciara el proceso de desescalada progresiva la tipología de las consultas ha variado.

“En las últimas semanas, con el desconfinamiento, se mantiene una sensación de miedo moderada, pese a que hay una pequeña parte de la población que aún tiene mucho temor a salir a la calle y otra que parece haber hecho una negación de la situación, no tiene percepción de riesgo y se ha euforizado”. Sin embargo, en estos momentos, a tenor de lo que el Colegio de Psicólogos ha podido palpar mediante su servicio de atención telefónica, “la principal preocupación de la población está relacionada con aquello que se ha perdido, derivado de la crisis económica y laboral que ha provocado la emergencia sanitaria y el confinamiento”, pone de relieve López para a continuación indicar que “también se observa un alto nivel de estrés, sobre todo entre las mujeres, por el sobreesfuerzo realizado en los dos últimos meses para conciliar la vida familiar y laboral.

Colectivos más vulnerables

En cualquier caso, “la crisis del COVID-19, en mayor o menor medida, nos ha afectado a todos y es que nos ha arrebatado la sensación de falso control, generando un sentimiento de incerteza, lo que a algunas personas les puede provocar mucha ansiedad”. La mayoría de la población, tal y como aseguran los profesionales del ámbito de la salud mental y emocional, va a tener herramientas, habilidades, resiliencia y capacidad suficiente como para gestionar todas estas alteraciones emocionales y mentales que se han derivado de la pandemia, pero es cierto que hay algunos colectivos para los que, por su especial vulnerabilidad, esta situación excepcional va a tener un mayor impacto. “La factura psicológica de la crisis del coronavirus va a ser más alta en personas vulnerables, como aquellas que ya partían de una situación económica o laboral frágil, quienes padecían algún problema o trastorno de salud mental previo y las personas sin suficiente red social, como los mayores o quienes se encuentran en situación irregular”, constata Mónica López.

Y pese a que López insiste en que “la gran mayoría de la gente está capacitada para recuperarse, se estima que después de una situación de emergencia un 10 o 15 % de la población necesita atención médica, pero en el caso concreto del coronavirus calculamos que el porcentaje puede llegar hasta el 20 o 25% de la población, ya que el grado de afectación será mayor por las características propias de esta emergencia, que tiene un alcance mundial, es de larga duración y nos ha obligado a parar nuestras vidas”. “Ésta es una emergencia sin precedentes, que nos ha afectado de manera transversal y nos ha obligado a todos a hacer un sobreesfuerzo para adaptarnos”, asegura para a continuación comentar que, si hubiera un rebrote de la enfermedad, todo parece indicar que “el nivel de impacto ya no sería el mismo, porque ya no tendríamos ese efecto de novedad”. “El nivel de afectación a nivel de salud mental sería menor porque ya hemos puesto en marcha procesos adaptativos, hemos aprendido un manejo psicológico de la situación”, aunque, admite López, “podría producirse alguna recaída”.

Ahora le toca a la administración

Pero tal y como pone de relieve Mónica López, pese a que la situación a nivel sanitario ya se ha prácticamente normalizado y se ha iniciado el proceso de desescalada, es importante seguir ofreciendo asistencia y acompañamiento en el ámbito de la salud mental a quienes lo requieran. “Hay que mantener la atención asistencial y ahora son las administraciones las que han de dar respuesta a esta necesidad”. En la misma línea, desde la Federación de Salud Mental de Cataluña se solicita al Gobierno de la Generalitat que tenga en cuenta la experiencia y las necesidades del colectivo de salud mental a la hora de diseñar el Plan de desconfinamiento y que, en este sentido, “de un impulso económico al sector, que tiene las herramientas y la experiencia para hacer frente a los nuevos retos como el que tenemos ahora: paliar la crisis del COVID-19″. Salud Mental Cataluña (SMC) se apoya en los datos que arrojan los tres informes que la entidad ha elaborado desde el inicio de la pandemia acerca de la salud mental y emocional de la ciudadanía.

Desde el 13 de marzo al 28 de abril, los servicios y entidades miembros de SMC atendieron a 4.171 personas, el 72% de las cuales provienen de la provincia de Barcelona, y de éstas, el 50% se encuentran en situación de vulnerabilidad, ya sea por factores sociales, de salud o biográficos, como la edad avanzada. La mayor parte de las necesidades detectadas por las entidades y servicios asistenciales a raíz de las conversaciones con las personas que han contactado con ellos durante el confinamiento son el malestar emocional, la angustia, la desazón… (93,4% de las entidades) pero, en cualquier caso, lo que está claro es que es frecuente un empeoramiento del problema de salud, tal y como constata el 64,70% de las entidades.

“El personal sanitario ha sufrido mucho”

Pero si hay un colectivo que ha vivido la pandemia de forma más intensa y desde la primera línea ese es el sanitario, el cual por lo general es, además, algo más reticente a la hora de acudir a los servicios de apoyo emocional y psicológico. Por ello, la Fundación la Caixa, con la participación del Ministerio de Sanidad, impulsó a partir de abril una plataforma para ofrecer atención telefónica, videoconferencia y seguimiento on line a los profesionales de la salud , a los servicios sociales y personal de residencias de personas mayores, que implementa la Fundación Galatea.

“En estos dos meses, nuestros 52 psicólogos han atendido a más de 500 profesionales de la salud y han realizado en torno a 1.500 intervenciones”, explica Toni Calvo, director de la Fundación Galatea, quien concreta que “el perfil de persona que ha solicitado nuestros servicios es el de un médico (34%), personal de enfermería (32%), auxiliar de enfermería (12%), psicólogos y otros profesionales como celadores, conductores de ambulancia o auxiliares de geriatría”.

Tal y como apunta Calvo, las demandas más frecuentes por parte de este colectivo giran en torno a “el estrés por miedo a no poder atender correctamente a los pacientes y sus familiares, el miedo a contagiarse y contagiar a sus familiares -de hecho hay profesionales que se han autoconfinado-”, pero muchas están también relacionadas con el gestionar y lidiar en primera persona con la muerte. “Muchos están acostumbrados a la muerte, pero no con la intensidad y de la manera que ha sucedido estos días”, señala Calvo, quien incluso hace referencia a “los grupos de apoyo específico que se han constituido para aquellos profesionales que han acompañado en la muerte a algún paciente o han visto como fallecía algún compañero”. Todo ello ha provocado entre el personal sanitario ansiedad, angustia, irritabilidad, rabia … y existe la “hipótesis de que, debido al gran impacto emocional que han sufrido, en algunos de estos profesionales pueden aparecer señales vinculadas al estrés postraumático”.

En resumen, Calvo señala que “la situación ha sido excepcional y muy impactante para el personal sanitario, hasta el punto que hemos tenido que recurrir a protocolos e intervenciones que nunca antes habíamos hecho”, lo que le permite indicar que “habrá un antes y un después de la crisis del coronavirus para estos profesionales”. “Cuidar la salud mental del personal sanitario es cuidar de la salud de todos”, concluye

FUENTE: La Razón, escrito por Ángela Lara