Cada vez hay más evidencias de la estrecha relación que existe entre el sobrepeso, ciertos factores psicológicos, como las alteraciones del estado de ánimo y la percepción de la comida como recompensa, y las emociones, la motivación o incluso, el comportamiento adictivo.  

 ADICCIÓN A LA COMIDA    

Según explica a Infosalus la doctora Reina García Closas, investigadora y coautora de ‘Emodieta. Controla tus emociones, controla tu peso’ (Salsa Books, 2014), las emociones y los estados de ánimo influyen en la ingesta de alimentos, en los hábitos alimentarios y en el aumento de peso y a la inversa: el tipo de dieta influye en el estado emocional y en la resistencia al estrés.

García Closas señala que el estrés fomenta el aumento de peso ya que en situaciones estresantes se segregan corticoides y grelina que inducen la selección de los denominados alimentos «confort» ricos en azúcares, grasas y sal.

«Este tipo de alimentos nos aporta una sensación inmediata de placer y recompensa que disminuye la sensación de estrés percibido y refuerza inconscientemente nuestro comportamiento estresante», señala. Los mecanismos físicos que intervienen tras el consumo de estos alimentos inducen a seguir consumiéndolos además de favorecer el sedentarismo y reforzar la apetencia por los alimentos confort, disponibles por todas partes y de bajo precio.

   «La publicidad subliminal y constante, los factores socioeconómicos, laborales y familiares estresantes, la crisis económica y de valores prolongada o la falta de tiempo y las prisas inducen el sedentarismo y que afloren conflictos emocionales larvados, dando lugar a un cóctel servido para aumentar de peso», apunta la doctora.

  En este entorno «obesogénico», el factor emocional parece explicar la mayor parte de los fracasos a largo plazo en los programas de pérdida de peso.

A pesar de la información sobre alimentación y hábitos de vida saludable que llega a la población general a través de campañas de Salud Pública, la prevalencia de obesidad no disminuye.

«Comemos para mucho más que mantener nuestras necesidades fisiológicas, nutritivas o de supervivencia: para compartir, celebrar, eliminar o mitigar emociones desagradables o como recompensa inmediata o premio tras una jornada intensa de trabajo», explica García Closas. Para la doctora, todo ello es la clave por la que tendemos a engordar o no mantener el peso perdido a pesar de saber conscientemente cómo adelgazar.

Además, para la autora mantener el peso ideal a largo plazo se nos hace muy complicado dado que vivimos en un mundo donde convergen: globalización del modo de alimentación anglosajón frente al más saludable mediterráneo, disponibilidad ilimitada de alimentos procesados atractivos y apetitosos, estilo de vida sedentario, estados emocionales en los que prevalece el estrés y la ansiedad, una pérdida de poder adquisitivo que redirige a los alimentos más baratos y también más insanos y el hedonismo que busca el placer y la recompensa inmediatos.

 «En consecuencia, sólo el 10% de los individuos mantiene su peso sin hacer un esfuerzo consciente», concluye la especialista.

ADICTOS A LOS ALIMENTOS SABROSOS

   Investigaciones recientes han concluido que los alimentos muy sabrosos (confort) podrían inducir procesos adictivos. Los hidratos de carbono refinados producen en el cerebro más serotonina, dopamina, endorfinas y opioides que dan lugar a efectos sedantes y placenteros.

El rasgo que identifica una conducta adictiva es que la persona se ve impulsada a realizarla a pesar de sus consecuencias negativas, como respondiendo a un mandato interior, y no por propia elección. Los adictos a la comida tienden a utilizar sustancias depresoras (sedantes, tranquilizantes, somníferos, alcohol) o estimulantes (café , bebidas de cola o cocaína) en exceso.

 «Uno puede considerarse potencial adicto a la comida si trata de ejercer un severo control sobre el impulso de comer, independientemente de la cantidad o frecuencia con que lo haga, o si tiene la impresión de que la comida lo domina», apunta.

   Los estudios neurocientíficos muestran que las personas proclives a la adicción tienen niveles bajos de receptores de dopamina en determinadas áreas del cerebro. Las personas obesas, al igual que las adictas a la cocaína, tienen también niveles bajos de dopamina cerebral.

 García Closas explica que estos estudios han demostrado además que en las personas adictas a la comida se activan las mismas áreas cerebrales ante la visión del alimento que en las adictas a la cocaína u otras sustancias o conductas adictivas. «El problema surge si en lugar de utilizar la comida para satisfacer el hambre, y sentir placer al hacerlo, se utiliza para tratar de satisfacer necesidades emocionales legítimas pero no satisfechas como sentirse querido, seguro o no angustiado», aclara García Closas.

7 CLAVES PARA SUPERAR LA ADICCIÓN A LA COMIDA

Los aspectos a considerar para hacer frente a la adicción a la comida serían según García Closas:

 1. Aspectos dietético-nutricionales: tomar alimentos y suplementos que contengan precursores de dopamina como la tirosina (por la mañana, cuando tenemos el pico de dopamina en el cerebro) y de serotonina como el triptófano (por la tarde, cuando tenemos el pico de serotonina cerebral).

 2. Aprender a diferenciar «hambre» y «apetito»: el hambre es la sensación fisiológica que permite satisfacer nuestras necesidades biológicas mientras que en el apetito intervienen estímulos sensoriales y emocionales de origen externo e interno, e influyen hábitos alimentarios y numerosos aspectos socio-culturales.

   3. Evitar alimentos adictivos o «confort»: ricos en hidratos de carbono refinados y grasas, como alimentos para paliar emociones negativas (ansiedad, depresión, estrés, soledad, etc.) o para utilizar como premio o recompensa. Utilizar como alternativas ejercicio, música, hablar con amigos, un baño caliente, etc.

   4. Afrontar las dificultades de la vida de un modo eficaz: debemos aprender a observarnos a nosotros mismos para identificar el problema, los mensajes que nos envía nuestra mente y, de forma asertiva, modificar la situación que genera el malestar. Si ello no es posible, aprender a distanciarse del problema, a relativizarlo, a ser positivos. Para frenar nuestro sistema de creencias adictivo, hay que adquirir las habilidades para actuar ante la necesidad imperiosa de comer y las herramientas necesarias para gestionar mejor nuestras emociones.

 5. Aprender a desarrollar actividades alternativas a la comida para enfrentarnos a situaciones difíciles.

 6. Respetar el ritmo diario de trabajo-ocio-descanso: aplicar la regla de 8 horas para cada uno de estos tres ámbitos de la vida.

 7. Respetar la tríada alimentación saludable-actividad física- relajación/control del estrés: junto a una dieta variada, dedicar tiempo a la actividad física (mínimo 30 minutos/día) y a actividades de relajación (yoga, meditación, acupuntura, ‘mindfulness’ o atención plena).

FUENTE: INFOSALUS

La tasa de abandono escolar temprano, el porcentaje de jóvenes de entre 18 a 24 años que tiene como máximo el título de Enseñanza Secundaria Obligatoria, se reduce en España hasta el 17,3% en 2019, la cifra más baja de este siglo. No obstante, en 2018 España tenía la tasa en el 17,9%, la peor de la Unión Europea, por lo que el fracaso escolar representa un gran problema para el futuro de la sociedad española, no sólo a nivel académico, sino también a nivel personal, el fracaso escolar puede minar la autoestima de estos jóvenes y puede condicionar su futuro.

 Por sexo, los datos reflejan que el 13% de las mujeres de 18 a 24 años han abandonado el sistema educativo de manera prematura en 2019, frente al 21,4% de los hombres, según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional elaborados con las variables educativas de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Para que se pueda denominar un caso de ‘fracaso escolar’ se deben dar varios factores, y no sólo el niño que el niño no haya obtenido el rendimiento adecuado, sino que el centro no ha sabido tampoco detectar un caso que podía ser de éxito, según defiende la psicóloga sanitaria Ana Asensio en una entrevista con Infosalus.

A su juicio, este tipo de casos, que suelen debutar en la adolescencia, a partir de los 11-12 años, deben ser abordados tanto desde el colegio, como desde la propia familia, así como con la ayuda de un psicólogo e incluso de un profesor que se contrate para establecer y trabajar ese hábito de estudio que falta en el menor.

“El niño desde el principio te dice en clase que algo no va bien por su conducta, por su carácter retador, porque es un adolescente que no entra en clase o porque de repente empieza a tener alteraciones o una bajada repentina en sus resultados, cuando siempre había sacado buenas notas”, remarca la experta en psicoterapia.

Asensio considera que siempre en estos casos es “muy interesante” reunirse con la familia y poner en marcha el abordaje antes citado (colegio-familia-psicólogo-profesorque ayude en el hábito) para afrontarlo cuanto antes, porque “cuanto más enquistado esté, más difícil será superar la situación”.

 Al niño, según asegura esta doctora en Neurociencias y especialista en infancia y familia, le puede afectar a su autoestima, minando su confianza, y llegando a adaptar un rol de mal estudiante que al final supondrá un rechazo rotundo hacia el colegio, hacia el sistema, así como al estudiar, de forma que finalmente se producirá el fracaso escolar.

 “Estos jóvenes pueden afectarse mucho emocionalmente y conductualmente, por lo que el apoyo del psicólogo es fundamental, así como de un profesor fuera del colegio para que asiente ese hábito de estudio, que es lo que garantizará el tener experiencias de éxito en el colegio, de forma que le empezará a dar la vuelta a la situación. Lo que nunca se debe hacer es dar el caso por perdido, no se debe hacer y no esperar mucho. Si se ve es vital intervenir lo antes posible. Cuanto más se enquista es más difícil”, lamenta la experta.

 Muchos de estos niños al final acaban teniendo una relación malísima con los padres, además, y sienten que son rechazados en su propia casa, aparte de que son juzgados ya en el colegio hagan lo que hagan, tienen esa etiqueta, por lo que les es más fácil seguir adelante con esas conductas disruptivas, y mantener su autoestima por los suelos, sintiendo también que tienen una capacidad limitada, cuando muchas veces no es así, según comenta Asensio.

 “En esas edades lo que tú crees es lo que vives, y entonces puede afectar mucho a la autoestima de los jóvenes, a su personalidad, a no sentirte valorado, querido, y suelen buscar por ello entornos mejores o peores donde se sientan como ellos, buscan malas compañías, niños similares que por ejemplo contestan al profesor, cuando luego te sientas en consulta con ellos y son una auténtica belleza de persona. Esto se ve mucho en el fracaso escolar”, menciona.

PAUTAS: QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER

   Se debe de tener mucha paciencia por parte de los padres, comprensión, saber que los adolescentes están presentando unas necesidades añadidas que sólo saben cubrir con esas llamadas de atención e intentar frenar todo a tiempo, sin llegar hasta el fracaso escolar, según aconseja Asensio. “Hay que darle la vuelta y ver qué acciones se pueden hacer y los casos de éxito son bastantes”, celebra.

Así con todo, esta psicóloga sanitaria defiende que el fracaso escolar tiene lugar cuando se produce el abandono. “Antes de llegar a esto o a un rechazo del niño frente a los estudios hay que detectarlo, ver qué casos pueden ser susceptibles de fracaso escolar, qué notas, cambios, amistades y reunirse la familia y el centro”, resalta.

 Es más, sostiene que es importante que si al niño le pasa algo interiormente, o manifiesta problemas de conducta, que también se acuda a un psicólogo o a un profesional, que trabaje los límites, le apoye en sus emociones, y que la familia apoye.


   
“Es vital que se genere este triángulo de abordaje.Así al cole se le darán pautas, y también a la familia. También es importante el poner ese hábito de estudio, unas clases, no para explicar la materia sino para crear ese hábito al que no quieren enfrentarse y que le asegure experiencias de éxito en el colegio, es lo que necesitan para darle la vuelta, que se vean mirados como algo diferente, que pueden sacar buenas notas, y a partir de ahí es muy fácil que el niño se enganche”, agrega.

 Lo que no hay que hacer, según destaca la psicóloga sanitaria, es estigmatizar al niño y sentenciar su futuro, darlo por hecho. Después considera indispensable que familia y centro no se echen la culpa mutuamente, sino que se pongan a abordar el problema de forma conjunta, desde la responsabilidad de todos. “Hay que entenderlo como que el caso es un equipo”, matiza.

FUENTE: INFOSALUS

VALÈNCIA. La pandemia provocada por el coronavirus ha dado un vuelco en la vida de muchas personas. No solo aquellas que han perdido un familiar de la forma más dura posible, sin poder despedirse. También aquellos que ahora no quieren salir de casa porque no son capaces de retomar sus relaciones interpersonales o tienen algún tipo de trastorno. 

Francisco Santolaya, doctor en Piscología y que lleva más de un cuarto de siglo como decano del Col.legi Oficial de Psicòlegs de la Comunitat Valenciana (Copcv), recalca la necesidad de reforzar estos servicios en la sanidad pública, bastante reducidos en general en la atención a nivel estatal. Ahora, espera que los políticos reflexionen y vean el rol del psicólogo  como una figura fundamental en la Atención Primaria. 

¿Cómo se ha vivido desde el punto de vista psicológico esta pandemia?

– El funcionamiento de las personas a la hora de enfrentar una pandemia depende de factores psicológicos y a la percepción de riesgo. La psicología dice que aquellas personas que perciben el riesgo como disminuido van a tener tendencia a no cumplir las normas de prevención o de cuidado y quienes lo tienen más alto se cuidan más.
Las primeras semanas de contención las personas vivieron la situación con extrañeza pero se llevó bien. Sin embargo, conforme ha pasado el tiempo y las personas han vivido más confinadas se va dando una especie de desconexión social que ahora, a la vuelta, debe recuperarse junto al ritmo normal de vida.

¿Se van a generar fobias a salir a la calle?

Las personas que tienen más fortaleza psicológica y más apoyo de su red social o familiar tienen un tiempo de adaptación a la normalidad más rápido. Aquellos que o bien tenían déficit con anterioridad o que tenían ciertas patologías de tipo clínico, el proceso va a ser más complicado. Imagínate una persona que tenga una red social muy pequeña, que empieza a funcionar y que una vez llega la pandemia corta todas las conexiones. Volver a empezar es más complicado, sin contar que estar conviviendo en pareja durante tres meses con pocas actividades externas también complica las relaciones. La gente ha sufrido bastante.

¿Se le ha dado suficiente importancia por parte de la administración autonómica? Porque desde el Colegio deciden contratar el servicio de psicología para la ciudadanía.

 Nosotros, cuando empezó la pandemia, hicimos dos cosas. A nivel nacional nos pusimos a disposición del Ministerio de Sanidad y también de la Conselleria de Sanidad. Por parte del ministerio se dio una respuesta con un apoyo económico y se hizo una unidad central que se instaló en Madrid con 43 psicólogos. En el ámbito autonómico se han creado algunos dispositivos, en algunos ha ayudado la administración y en otros no, y se han atendido más de 30.000 llamadas. Se han detectado intentos autolíticos y angustia de muchas personas, sobre todo en situaciones de duelo o de no poder estar con un familiar fallecido. 

¿Por qué Sanidad no lo apoyó?

Supongo que porque consideró que con los recursos que habían  eran suficientes. En todo, caso hemos atendido unas 2.000 llamadas, que son bastante, y de éstas un 65% con niveles altos de ansiedad. 

¿Es deficiente el servicio psicológico en la sanidad pública?

Si se compara el porcentaje de psicólogos cada 100.000 habitantes, en Europa está en el 8% y en España está alrededor de un 5%. Evidentemente, los recursos de la red asistencial española en cuanto a psicología son mínimos y es necesario reforzar los psicólogos en atención primaria. Hay que reforzar las redes de salud mental con psicólogos, psiquiatras y enfermería psiquiátrica. Pero si hay una cosa que reclamar es que hayan psicólogos clínicos en atención primaria porque es la puerta de entrada al sistema público. 

¿Es suficiente la estrategia de salud mental de la Conselleria de Sanidad?

Hay que diferenciar dos cuestiones: las personas que tengan un cuadro de tipo psicopatológico definido, como una esquizofrenia o una depresión mayor, y aquellas personas que sin llegar a tener un cuadro definido necesitan apoyo psicológico que se solucionaría con un psicólogo clínico. 

De hecho, anunciaba hace unos días la consellera la contratación de psicólogos para abordar la situación. 

La declaración de intenciones de la consellera de reforzar la salud mental es una buena noticia pero uno se tendría que plantear si es algo solo temporal, debido a la situación de la pandemia, o si lo que ocurre es que hay una necesidad de los psicólogos clínicos de forma permanente. Si nosotros queremos ser una sanidad a nivel de intervención psicológica como el resto de Europa hay un desfase importante en todos los ámbitos. 

Uno  de ellos es el ámbito de intervención de las UCI. Por ejemplo, una cosa que ha hecho muy bien el hospital clínico es que en el ámbito de psiquiatría han hecho un programa de apoyo para UCIs y cuidados críticos, pero no se ha extendido a todos los hospitales. Por ejemplo, se pidió al ministerio que hubiera un apoyo psicológico para intervinientes y familiares y no ha habido una respuesta en ese sentido, cuando las consecuencias se van a producir a partir de ahora.

¿Y qué va a pasar a partir de ahora?

Se tendrá que tabular, pero se va a detectar un aumento de sintomatología de tipo adaptativo que va a tener tres vertientes: la de ansiedad y depresión, pero también en cuanto a la adaptación. Aquellas personas que tengan unas habilidades sociales o unos recursos personales lo van a llevar mejor y los que no, pues tendrán un sufrimiento mayor. 

¿Y en las casas? ¿A nivel de pareja?

Aquellas casas en las que han sabido tener un nivel de equilibrio entre estar con la pareja y los hijos y eso combinado con cuidarse uno mismo, espacios de cierta soledad, ayuda mucho más que a aquellas personas que han estado permanentemente juntos. El estar relativamente bien es intentar tener un equilibrio entre los demás y uno mismo. 

¿Se sigue percibiendo el psicólogo como algo caro?

Yo creo que el tejido social percibe a los psicólogos como muy cercanos y un recurso fácil tanto en el ámbito público como privado. Y en estos tiempos han ejercido un apoyo a los ciudadanos muy importante. Valga el tema de que han tenido una oferta de apoyo a nivel telefónico, teniendo cuidado con el intrusismo, pero la psicología está siempre ahí ayudando. Lo importante es que la labor de la psicología no se olvide cuando pase la pandemia. Hay unas carencias de los sistemas públicos que resolver.

¿Está la sanidad española muy medicalizada?

Los datos están ahí. Hay distintos estudios que se han hecho y, en uno ellos, está reconocido que las medicaciones que más se utilizan son los ansiolíticos y los antidepresivos. La verdad es que como resultado de este estudio, por ejemplo en Madrid, se ha contratado 21 psicólogos clínicos para poder intervenir. Es una cuestión de interés la población y de mejorar los recursos de la ciudadanía. Una cosa es que una persona esté mejor y otra que aprenda a gestionar todo el ámbito de conflicto contextual. En este sentido, hay que reforzar los servicios que beneficien a la ciudadanía.  

FUENTE: ValenciaPlaza, escrito por Estefanía Pastor